Manos que Ayudan, labios que rezan…
Robert G. Ingersoll hizo famosa la frase “Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan.” María Pilar Junco puede decirse que fue noble por duplicado, ella creía que el poder de la oración ayudaba en su entrega a los demás y así lo hizo desde muy joven, formaba parte del paisaje más bondadoso y empático que habitaba Llanes. Crecimos con ella en el catecismo, en aquellas excursiones parroquiales, en las charlas que nunca faltaban cuando nos la encontrábamos con su paso siempre rápido, al principio, lento y pausado con los años. Poco más se podría añadir a todo lo dicho por quienes le rindieron homenaje. En lo personal, observo con tristeza ese vacío que se va haciendo más grande cuando descubro que se van personas que formaron parte de mi historia de infancia y adolescencia. Pero María Pilar era algo más que un espíritu generoso y entregado, dentro de ella bullía una incansable curiosidad por el saber, y una especial sensibilidad que procuraba comunicar de todas las maneras posibles. Desde la galería de la calle Nueva, María Pilar escribía y escribía… encontrando tiempo entre los cuidados a sus padres, sus estudios, sus … esto y lo otro y lo de más allá.. pero había que poner en el papel aquello que rondaba entre los ojos y el alma… En la carpeta iban quedando poemas y cuentos, alguna que otra cosa bajaba las escaleras y quedaba en la mano de Lolo Maya para publicarla en El Oriente, siempre bajo pseudónimo… «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha»… Dibujaba sus historias con palabras de «toda la vida» que, perfectamente ensartadas, describían los sentimientos que su LLanes le inspiraba… Angel de la Moría, Pin de Pría se sentaban a su mesa escapando, como ella, «del mundanal barullu» y con «placenter ´orgullu» sonreían a su aventajada alumna
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Queda algo más que el recuerdo de María PIlar y la memoria de su sonrisa, recopilados en Cosinas de LLanes están sus poemas, cuentos y relatos, el olor de lo más entrañable, de lo más nuestro, quedó recogido para siempre en las letras que Mª PIlar consintió en publicar, en ellas palpitan palabras ya escuchadas, y en esas palabras puedo recuperar las tardes de sol en la huerta y los paseos vespertinos alrededor del prau de Santa Ana con mis tías… ¡Gracias María Pilar!

La yerbina
Bía un prau verde, muy guapu. Bien espesu d´herba. daque día, entre toas las yerbinas. nació una distinta; y no era trebolina ni llantén ni argaña, ni ballicu, ni ermana de la que la arridiaben. Ella asmaba pa contra sí. ¿Diré a ser un robre…?. A lo mejor crezo y crezo… enancho y colas míos jueyas enas míos cañas llargas, llargas… atropo tou el prau y jasta los praos de más alejos, y asombro y acubicio a muchas tierras…
Pero la yerbina crecía y no era un robre.
Ella no daba callada pa contra si: Entos ¿seré un mazanal’ y no creceré tantu parriba, pero he de tener tamién jartas jueyas, y florinas blancas y rosadinas, que pal tardíu serán mazanas xugosas, dulces, tan ricas… y la xente venirá a pañámelas…
Y tampocu era un mazanal.
El tiempu pasaba y arresultó que la yerbina distinta de las otras collacias era… una catasola…
Abrió el botonín y salió la flor, una florina chiquitina, apegada casi al suelu, blanca y rosadina col güeyin mariellu. Y vio el sol po la primera ve, y enamorose delli. ya no quiso amirar más pa otru llau y desde la mañanina jasta el atapecer dibalu siguiendo, siempre dandoi la cara, y cuando ya taba tapecíu del todo cerrábase en botonín esperando que´l sol golviera, pa ella golver a contemplalu…
No joi un robre juerte.
No joi un mazanal amigable, pero vivía feliz porque viviera namorada.
Fotografías.- Portada de Cosinas de Llanes.- Editado por la Fundación Rubín de Celis / Fotografía de Mª Pilar.- contraportada del mismo libro.

