Recordando esta ocasión festiva de las primeras doce uvas, ante el Ayuntamiento de Llanes, comienzan a ver la luz los diarios en los que Regino Muñiz fue anotando su actividad como Alcalde. Lo hizo escrupulosamente, en tres libros con cien folios numerados, cada uno, en los que figuran su firma, el sello de la Alcaldía y la correspondiente certificación notarial. A esos tres libros de la Alcaldía les acompaña un cuarto que, también en formato de diario y con las formalidades de los otros tres, recoge el complejo camino recorrido para hacer realidad el antiguo proyecto del Instituto de Llanes. No es esta la primera, en la cronología, de sus anotaciones, sus palabras irán adquiriendo voz propia conforme me guíe la intuición misteriosa que será quien decida acercarme a cada apunte. Será difícil que el cariño y el respeto hacia el abuelo Regino, queden al margen de los comentarios que pueda expresar. Comidas, reuniones familiares, partidas interminables de canasta, su generosidad en la acogida, su discreción y el respeto hacia la forma de ver la vida y entender la convivencia fueron una lección contra el rencor y el odio, un ejercicio que él se propuso para no inculcar a los suyos el resentimiento por pasadas desdichas. Por fin, al hacer públicos estos diarios, creo cumplir la voluntad implícita de quien me los entregó. Cuando comencé a leerlos me di cuenta de que, en esas páginas, con el peculiar estilo de la época, se escondía mucho más de lo que se expresa y el trabajo, nunca reconocido, de una persona que, por cariño a Llanes y a su Concejo cambió buena parte del que hoy habitamos.
Ultima semana de un mes de Diciembre gélido, los preparativos para la inauguración del nuevo reloj del Ayuntamiento llanisco ya estaban prácticamente rematados y, en sus Hojas de Archivo, Ángel Pola dejaba constancia del acontecimiento; “…Saludemos alborozados al nuevo reloj, el anterior tenía un timbre poco musical, más bien seco, severo. Sus campanadas parecían mandobles de guardia municipal. Desearíamos que el nuevo tuviese una resonancia alegre, como de diana, porque la vida de los pueblos se acompasa mucho con los relojes públicos e influyen en su carácter y en sus hábitos. Realmente los relojes de la Iglesia y del Ayuntamiento son los que gobiernan la vida de los ciudadanos y marcan sus momentos felices o adversos. Allí están en lo alto, como vigías del Océano del tiempo y, como a un toro, de hora en hora, le clavan las banderillas del minutero y del horario” El Ayuntamiento de Llanes quería celebrar la entrada de 1956 con las nuevas campanadas y organizó el reparto de las «uvas de la felicidad» entre los vecinos. “Espectáculo simpático, agradable, la inauguración del reloj del Ayuntamiento con esa feliz iniciativa del ayuntamiento del regalo de las uvas a cuantos llegaron a oír las doce campanas que anunciaban el amanecer del año 1956” Con gran solemnidad la Corporación Municipal presidió el acto y así lo recuerda en sus diarios Regino Muñiz Cotera, Alcalde de Llanes:
Inauguración oficial del Ayuntamiento y toma de las 12 uvas de la felicidad 31 de diciembre de 1955:
Con la asistencia de diversas autoridades locales, componentes de la Junta pro-Colegio, Concejales del Ayuntamiento y personalidades de la localidad, previamente invitados. Tuvo lugar en la noche de este día. La inauguración oficial del reloj de las Consistoriales. Máquina estupenda y de gran valor, donada por el Hijo Predilecto Llanisco, Don Genaro Riestra Díaz, Gobernador Civil de Vizcaya, por expresión y deseo propio del donante se mantiene en reserva el nombre de tan altruista donante. El Ayuntamiento vistió sus mejores galas como un día de gran fiesta. La iluminación de la fachada exterior y en todo el interior, realzaba el magnífico edificio, una radiogramola amenizaba el espectáculo. Las señoritas designadas para el viaje a América, portando nuestro genuino folklore, repartían con profusión entre la multitud estacionada frente al edificio, artísticas cestitas y bolsas con las doce uvas clásicas. En el Salón se serviría al final de los actos un elegante Cap a las autoridades e invitados. A las doce menos cinco el altavoz anuncia que voy a dirigir la palabra al auditorio, en cuyo momento me acerco al mismo para decir las siguientes palabras: “ Queridos conciudadanos, en esta noche del 31 de diciembre de 1955 que dentro de unos momentos va a finalizar, al sonar las doce campanadas que dará este reloj, es para mi de gran satisfacción, como Alcalde y vecino vuestro, el deseo más ferviente de que, en el presente año que caduca, se hayan cumplido plenamente vuestros deseos y anhelos. El motivo fundamental de estar aquí, en esta noche, es para solemnizar la inauguración de este reloj, donado por un querido hijo de Llanes, cuya generosidad y sencillez debemos agradecer anónimamente, pues deseo suyo ha sido que no se diera su nombre; pero aun silenciándolo, desde aquí expreso nuestro agradecimiento públicamente, y nunca en mejor ocasión que en este momento. Si este acto, en sí, parece no ser de capital incidencia, debe de concedérsela porque viene a demostrar que Llanes ha salido de este letargo en el que tantos años estaba sumida, ya que este reloj nos marcará la pauta dándonos savia y vida para seguir a su ritmo constante y para conseguir todo cuanto nos hemos trazado en bien de Llanes y su Concejo. ¡Quiera Dios que el año de 1956 que va a comenzar dentro de pocos momentos, sea de bienestar para todos los que formamos esta familia, y de paz, para los hombres de buena voluntad! ¡Buenas noches! ¡Feliz Año Nuevo!” Al instante sonaron las doce campanadas a cuyo compás fueron tomadas las doce uvas con grandes muestras de alegría y regocijo. Fueron entregadas elegantes tarjetas como recordatorio de este solemne acto.
Una vez en funcionamiento el nuevo reloj, había que solucionar el «pequeño problema» de la sincronía entre los dos relojes de la Villa, el mencionado y el de la Iglesia que no parecían anunciar el mismo horario… Llegó 1956 y los más pequeños resguardados por gorros y bufandas para protegerse de un «frío crudo y cruel», salieron a las calles para celebrar el nuevo año, abrigando entre sus brazos, los regalos de Reyes Sigue Regino Muñiz en su diario anotando, ese mismo día 31 de Diciembre … » Tenía previsto hacer un meticuloso resumen de la labor por mi llevada a cabo desde la fecha en que tomé posesión de la Alcaldía, hasta el día de hoy, 31 de diciembre de 1955, pero no me ha sido posible hacerlo ya que la recopilación de datos me llevaría mucho más tiempo del que puedo disponer. Si Dios me da salud, al final del presente ejercicio lo haré…» y encabeza, renglón seguido, una larga lista de resultados… «Por tratarse de datos fiados a mí memoria, es posible omita el reseñar otros de tanta o más importancia que los que voy a enumerar; no obstante, unos y otros deben figurar cronológicamente en este diario de notas que llevo» . Efectivamente cuatro largas páginas reflejan cantidades obtenidas para obras municipales, proyectos aprobados, otros realizados y las correspondientes inauguraciones de lo realizado a lo largo del concejo llanisco durante ese año.


