Mi querido Anca fue el gran descubrimiento de aquellos gloriosos tiempos de Antena Norte. Anca era capaz de elucubrar, en tiempo récord, auténticas genialidades que incluso a él mismo parecían sorprenderle. Desde la mesa de redacción se le veía salir del control… Ajeno a sus pasos y a lo que le rodeaba, el pitillo en una mano, la otra en la frente como resguardando un pensamiento. Atravesaba la puerta de redacción y se detenía ante la pared cubierta de vinilos, entonces la ceniza del pitillo se pulverizaba sobre la moqueta, liberaba la mano derecha estrujando la colilla en el cenicero y con la precisión de un cirujano, extraía el disco que necesitaba. Sin perder la calma volvía al lugar de partida, hacía la mezcla correspondiente, insertaba la publicidad, comentaba y más música… O editaba alguna grabación con frase de película que encajaba a la perfección con lo que su imaginación había estado elaborando en ese corto trayecto, porque si de algo sabía Anca era de cine, de música y de sorprendente y maravillosa improvisación… Claqueta, La Noche me da igual, Anca de Rana fueron algunos de sus programas estrellas, también retransmisiones de rallies, eventos varios, programas de fin de semana o los ingeniosos concursos con premio incluido… Nuestro Anca tenía una legión de fans que, a través de la magia de la radio, conectaban con él a diario y terminaban por sucumbir a la ensoñación de las historias, que contaba como nadie y que podían ser actuales o surgir del Llanes de las veladas teatrales desde los palcos del Teatro Benavente, de los saraos en el Casino o de las películas mudas que llegaban a las antiguas salas de proyección llaniscas. Llanes, siempre Llanes y los llaniscos estaban, como hoy, en su pensamiento y en su horizonte.
«En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.» Anca siempre estuvo en esa reflexión y, ese fue su propósito, mucho antes de que se le encomendase el encargo de recuperar ese pasado, el pasado que, gracias a él, nos espera. Pocas personas podrían haber hecho lo que hizo, cómo lo hizo, y lo sigue haciendo. Bondad, generosidad, empatía honradez, ese es el lenguaje con el que Anca se relaciona y esa es la llave que le abre las puertas por las que reaparece cargado de todo tipo de objetos. Y es que desde hace mucho tiempo, cuando los llaniscos se relacionan con Anca conjugan el verbo confiar. Es decir, lo que hacen es «depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa». Ese es el secreto de Anca, esa es su magia.
Al bien hacer jamás le falta premio y, para Toño Anca, el premio siempre está en el último hallazgo. No espera nada más, lo que no quiere decir que no lo merezca, mejor pronto que tarde. Pero un Premio de Verdad, auténtico, en el centro de un escenario y no en una esquina. Probablemente habría que inventar una nueva denominación, como las denominaciones de origen, las que se otorgan a los buenos vinos, a los buenos quesos… a las personas buenas también habría que «adquirirlas» como propias.


