El pasado que nos espera
Regino Muñiz Cotera fue alcalde de Llanes en los primeros años cincuenta, también lo había sido durante la Segunda Republica, y quienes saben la historia de esta Villa, conocen y reconocen que Regino Muñiz fue uno de los mejores alcaldes que tuvo este Concejo. Posiblemente todos los tiempos son confusos, el que nos ocupa no lo es menos y en este que vivimos, nos encontramos con que lo racional desaparece ante la voluntad deliberada de dañar al adversario.

Cuando el Gobierno de España fue ocupado por Franco hubo españoles que decidieron o tuvieron que rehacer su vida exiliándose, otros eligieron quedarse con la aspiración de vivir en paz, y vivir de su esfuerzo para contribuir con él al crecimiento del país. Entre esos ciudadanos que permanecieron se encontraban hombres y mujeres, trabajadores, comerciantes, profesionales de la medicina, la educación, el derecho, intelectuales… Llaniscos a los que no se nos ocurriría jamás señalar con el dedo utilizando -¡Franquista!- como oprobio. La perversión de la memoria histórica nos vuelve una y otra vez al veneno de las dos Españas. Paz, piedad y perdón pidió don Manuel Azaña, una llamada a la reconciliación es decir al «restablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas». Don Juan Negrín, presidente del Gobierno de España durante la Segunda República, escribió en el periódico ABC en 1938… A esos egoístas de la inhibición que siempre se han creido debajo del cuerpo a cuerpo habrá que recordarles que si hubiesen intervenido en su día y en forma activa en la vida ciudadana, matizando sus contrastes y limando asperezas quizás se hubieran evitado muchos males. Hay entre ellos muchas competencias, habrá que utilizarlas. Pero nada más. Porque lo que España necesita serán hombres, no eunucos…

Ese episodio tan doloroso y sangriento, la guerra civil de 1936 a 1939 que, de algún modo, gravita todavía sobre nosotros también le pasó factura a los Muñiz Sierra. El negocio familiar pasó a llamarse Panadería Stalin y en su patio se quemaron imágenes de la Basílica, Jesús Muñiz intentó impedirlo y tal vez habría ardido con ellas si su madre, Dolores Sierra, no hubiese llegado a tiempo. Ella, Dolores, estuvo prisionera en el barco Luis Caso de los Cobos atracado en el puerto de El Musel. A Regino le hicieron varios «paseos» de los que milagrosamente salió vivo, para la cárcel… A pesar de esto hasta entonces habían sufrido las menores desdichas… Juan de Dios Muñiz Sierra de dieciocho años, el mayor de los hijos, fue arrebatado de su casa de Llanes, se supo desde el principio la intención de quienes se lo llevaron y quedaba sobreentendido el final… Dolores y Regino fueron a buscarlo a Oviedo, con un ataúd que volvió vacio. Primero a los hijos y más tarde a los nietos les contaron que el tío Juan de Dios había muerto en León en otras circunstancias… Paz, piedad y perdón… Apenas un esbozo de aquella época de incendios en la que las pequeñas vidas se escondían entre el fuego y el humo.

Cuando Regino Muñiz volvió a instalarse definitivamente en Llanes con lo que quedaba de su familia, tras una estancia de años en Madrid, lo hizo callando lo que sabía y trabajando como siempre, había que intentar sobrevivir al pasado. Pasado el tiempo se le solicitó para la alcaldía de Llanes. Fue entonces cuando le pidieron los nombres de los asesinos de su hijo, pero él se negó a darlos… Paz, piedad y perdón… Quienes conocían aquellos nombres, se los llevaron con ellos y tuvieron que pasar muchos años para saber el final de Juan de Dios, el secreto que se creía tan bien guardado …Jamás se habló de este tema, jamás en las reuniones familiares se mencionaron los hechos, siempre se buscó la buena convivencia y la buena conciencia. Una vez más… Paz, piedad y perdón… Quienes conocimos y convivimos, aunque por poco tiempo, con Regino Muñiz Cotera, enseguida nos dimos cuenta de que estábamos ante un hombre de pocas palabras y que reservaba sus energías para actuar. No hablaba de su vida, su privacidad era exagerada incluso para los suyos, el tiempo y las circunstancias labraron en él un empeño estoico que le matuvo en pie hasta el último momento. No dispuso de privilegios familiares ni fortuna, por el contrario su empeño se había fraguado entre la dificultad y la escasez de una infancia y una adolescencia impropias de un niño y de un adolescente. Su forma de rebelarse contra ese pasado fue revertirlo para que el futuro de los más jóvenes en particular y de los llaniscos en general fuese distinto al suyo.

Aquella aceptación de los cargos concernientes a la Alcaldía, en 1953, fue para Regino Muñiz Cotera el trámite imprescindible para lograrlo, para desempeñar su mejor oficio, trabajar por y para el Concejo de Llanes. Minucioso en todo decidió dejar constancia, en sus Notas de la Alcaldía, del quehacer diario de su trabajo. Precisamente por eso, para refrescar la memoria o para enseñar al que no sabe, ha llegado el momento de poner negro sobre blanco lo que quedó registrado en las Notas de la Alcaldía. El diario que Regino Muñiz Cotera tuvo a bien anotar para dejar constancia de su oficio. Definiendo oficio como la «ocupación habitual que una persona tiene, es decir, aquella actividad a la cual dedica la mayor cantidad de horas y esfuerzo, y que define su trabajo en la sociedad».
«El hombre no tiene precio sino dignidad» – Immanuel Kant
«Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia.» – José Saramago
Fotos.- Archivo de Regino Muñiz Cotera.


