Recuerdos Prestados
Sin recuerdos no hay memoria, y si los recuerdos apenas lo son, entonces algo o alguien les da vitaminas de presencia para fijarlos fielmente. Se toman algunas hebras de tiempo real, unos cuantos recuerdos prestados y, como hace una ostra, se crea una perla a su alrededor… Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar… ¿Puede haber mayor declaración de Amor?.
El Amor del Recuerdo, el menos contaminado, el más puro. Lo que habría podido ser pero, aunque no fue, sucedió porque así lo quisimos… lo necesitamos como salvavidas para armarnos de valor y seguir adelante con el equipaje ligero pero imprescindible de esa memoria que nos adjudicaron… Con el tiempo y el más dulce de los recuerdos se fue forjando un pasado, seguramente cierto, sin lugar a dudas a medida… a medida de unas criaturas con necesidad de referencias claras… así el pasado tomó presencia de realidad. De manera tan definitiva que, durante toda la vida, la presencia del padre ausente fue tan real que sentían su mano camino del colegio, la presión del consuelo en sus hombros cansados, incluso la mirada en la nuca cuando llegaban los suspensos … Tomaron forma de secuencia las noches de insomnio del padre contando cuentos que la cría no entendía pero que calmaban sus rabietas nocturnas, casi sentía el tacto de su pantalón, sentada sobre sus rodillas, delante de la mesa camilla sobre la que el cenicero, la taza de café y los diccionarios bostezaban al ritmo negro de su reloj… Aquella noche de Reyes en la que Baltasar le entregó su primera y única muñeca con nombre de presagio Mari Fe… La madre dejaba puesta la cafetera antes de acostare …- Procura descansar, ya es tarde.. – desde el quicio de la puerta – «Cuando esté muerto lo haré… » …Y más café y otro cigarrillo. ..A esas horas la Olivetti estaba en silencio… Preparadas las clases del día siguiente, pero él tenía que hacer también sus deberes. «Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender.»… Nada hacía presagiar que la vida grata y placentera, la felicidad de la paternidad, la ilusión por el estudio y las enormes ganas de vivir y hacer quedarían nubladas, definitivamente. El círculo aún no se ha cerrado, porque hay memoria y hay recuerdos reales que dejan pendiente un pasado real que tarde o temprano surgirá para salir a la luz…

Recuerdo a Don José María Díaz González… que fue el primer Director del Centro… persona muy respetada, culta y entusiasta con la labor de resolver y dar vida a la nueva Institución del Instituto que iniciaba sus primeros pasos y que serviría poco después para que muchos alfareños, y muchos chicos de la comarca, pudieran incorporarse al mundo de la cultura, de los oficios y de las profesiones de Grado Medio y Superior, y, por supuesto, también al mundo de la Universidades, cosa entonces impensable por la cerrada y oscura mentalidad de nuestras gentes.
Con toda seguridad fue un hombre providencial porque tuvo la fortaleza de pechar con una tarea tan ardua en un pueblo tan pueblo como Alfaro… Los comentarios de las gentes eran tan negativos y hostiles como: “pa´qué vas a llevar al crío al Instituto si no les enseñan más que hacer el vago”, o aquello de: “eso va ser una escuela de vagos”… y piropos parecidos envenenados de ignorancia …

Pues bien, no se limitó a poner en marcha el Centro del Instituto en La Abadía, sino que, además, promovió con todas sus fuerzas el Nuevo Instituto de La Florida Gonzalo de Berceo, … y en ello se pasaba don José María, los días y las noches mostrando con orgullo y entusiasmo la maqueta del que sería su soñado Edificio, … premio Nacional de Arquitectura por aquellos años, de los eminentes arquitectos madrileños Corrales y Molezún…
Las primeras promociones no pudimos ver más que la gran maqueta del Edificio que ocupaba un sala entera, y al Director don José María, ilusionado, dando mil explicaciones de aquello que parecía un “aeroplano”, así la llamaron todos los que la vieron… y a los pocos años, unos diez, con la aparición de la constructora Marín y Soldevilla S.A., se levantó el fenomenal Instituto Laboral de Alfaro.
Como a veces ocurre, el capitán del barco no llegó a ver el puerto soñado… y aquí, en nuestro caso, nuestro educado Director y ameno profesor de Literatura, tampoco llegó a ver su anhelado edificio... José María alternaba sus sueños de futuro con publicaciones en El Auseva y las publicaciones de cada uno de los centros en los que impartió su docencia. Llevó a las aulas sus libros de texto y realizó un Estudio Monográfico sobre el habla local de Alfaro, su último destino… Además carpetas y carpetas guardan reflexiones y artículos sin publicar que estas teclas irán reconstruyendo, en su memoria… 


